Autor/Fuente: elpais.bo
Publicado: viernes febrero 20, 2026

Banco PyME de la Comunidad acumula pérdidas sin pausa desde 2019 y es el único banco del sistema financiero boliviano que registra resultados negativos en 2025. Su nuevo controlador, NESAB S.R.L., construyó su capital de Bs 1 millón a Bs 61 millones en siete años para sostener la operación.
De los 14 bancos que cotizan valores en la Bolsa Boliviana de Valores (BBV), uno solo reporta pérdidas en 2025: el Banco PyME de la Comunidad S.A. Es el opuesto exacto del Banco BISA, que encabezó el ranking de utilidades del sistema financiero con 111 de los 540 millones de dólares que sumaron las ganancias de todos los bancos regulados por la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI) de Bolivia. En el otro extremo, el Banco Comunidad arrastra un déficit acumulado de Bs 18,44 millones al 30 de septiembre de 2025, según sus propios estados financieros. Y las pérdidas, confirman fuentes de la ASFI, persistieron al cierre del ejercicio anual.
Al momento de elaborar este informe, el banco no había convocado junta de accionistas para aprobar los estados financieros al 31 de diciembre de 2025, a diferencia del resto de las entidades del sistema. La ausencia de esa información pública es, en sí misma, un dato.
Pérdidas sin interrupción desde 2019
El deterioro no es nuevo ni coyuntural. El Banco PyME de la Comunidad registra pérdidas netas ininterrumpidas desde al menos la gestión 2019, sin que ningún ejercicio haya revertido la tendencia. Entre 2019 y 2024, el déficit acumulado alcanzó los Bs 73,1 millones. El patrimonio neto colapsó desde Bs 91,2 millones en 2018 hasta Bs 52,3 millones en 2024, una contracción del 42,6% en seis años. El peor registro de retorno sobre el patrimonio (ROE) se registró en 2022, con -28,39%.
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Al 30 de septiembre de 2025, los resultados acumulados negativos ascendían a Bs 18,44 millones, frente a Bs 16,47 millones en junio y Bs 13,10 millones en diciembre de 2024: una pérdida adicional de Bs 5,33 millones en apenas nueve meses del ejercicio 2025. Solo en el primer semestre del año, la pérdida neta fue de Bs 3,37 millones, mayor a los Bs 2,20 millones del mismo periodo de 2024.
La calificadora de riesgo AESA Ratings, con información al 30 de septiembre de 2025, asigna al banco una calificación de emisor BB+, con perspectiva “en desarrollo”, y diagnostica con precisión el cuadro clínico de la entidad: una mora del 15,1% y un nivel de reprogramación del 43,3%, ambas cifras significativamente superiores al promedio del sistema financiero boliviano y de sus pares. La cartera castigada supera el promedio de la industria: 6,3% frente al 3,6% del sistema. La cobertura de la cartera en incumplimiento mediante provisiones —incluyendo las previsiones cíclicas— alcanza apenas una vez el monto en mora y representa el 14,6% de la cartera total. El ROE al cierre del tercer trimestre de 2025 era de -14,3%, y el retorno sobre activos ponderados por riesgo, de -1,8%.
Para una comprensión completa del contenido de ese informe, nuestros lectores pueden leerlo in extenso haciendo clic aquí.
Una explicación parcial de la subsistencia del banco radica en una modificación regulatoria de 2022, durante el gobierno de Luis Arce Catacora. El 25 de julio de ese año, mediante la Circular ASFI/737/2022 suscrita por Reynaldo Yujra Segales en su condición de director a.i. de la ASFI, la autoridad regulatoria autorizó que hasta el 50% de las previsiones voluntarias por incobrabilidad de cartera compute como Capital Regulatorio. El efecto es directo, y el Coeficiente de Adecuación Patrimonial (CAP) —el indicador que mide la solvencia de una entidad bancaria en relación con sus activos ponderados por riesgo— se recalcula al alza con esa incorporación. En consecuencia, el Banco Pyme de la Comunidad mantiene un CAP por encima del 10%, que es el umbral mínimo legal, el límite por debajo del cual la ASFI está habilitada para intervenir la institución.
Ejercicios contables elaborados sobre los estados financieros del banco desde 2019 indican que, sin la aplicación de esa norma, el indicador habría caído por debajo de ese umbral con anterioridad a la transferencia accionaria a NESAB.
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Cuarenta y tres días después de emitida esa circular, el 7 de septiembre de 2022, el banco completó la redención anticipada de la totalidad de su única emisión de Bonos Subordinados —clave de pizarra FCO-E1U-16— mediante compra en el Mercado Secundario de la Bolsa Boliviana de Valores. Los bonos subordinados computan como capital de nivel 2 bajo los estándares de Basilea, y su redención retira ese respaldo del capital regulatorio. La secuencia es difícil de atribuir a la coincidencia, pues la Circular 737 colocó un nuevo piso de capital justo antes de que el banco retirara el que tenía.
La cartera, termómetro del deterioro
Los estados financieros al 30 de junio de 2025 muestran una cartera bruta total de Bs 461,99 millones, pero su composición interna revela el problema estructural. La cartera vigente pura suma Bs 242,70 millones. La cartera reprogramada o reestructurada vigente asciende a Bs 151,98 millones. La cartera en ejecución no reprogramada alcanza Bs 22,37 millones, y la reprogramada en ejecución llega a Bs 42,94 millones. La previsión para cartera incobrable acumulada es de Bs 65,18 millones.
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La cartera reprogramada y reestructurada suma Bs 196,5 millones: el 43,3% del total bruto. AESA señala que la mora se concentra principalmente en créditos a medianas y grandes empresas de los sectores de hotelería, manufactura y comercio, afectados por conflictos sociales, factores climatológicos y la escasez de divisas que caracteriza la economía boliviana desde 2022.
La brecha de cobertura es técnicamente crítica: la suma de la cartera en ejecución total (Bs 65,31 millones) supera el total de previsiones constituidas (Bs 65,18 millones). Existe, en términos estrictos, un déficit de cobertura real frente a los activos de mayor riesgo. Más alarmante aún: la previsión específica disminuyó de Bs 46,8 millones en diciembre de 2024 a Bs 44,6 millones en junio de 2025, en un contexto de deterioro generalizado.
El balance: activos que se contraen, gastos que no ceden
El activo total del banco se contrajo de Bs 621,72 millones en diciembre de 2024 a Bs 619,70 millones en junio de 2025 y a Bs 596,87 millones en septiembre: una reducción de Bs 24,85 millones en nueve meses. El patrimonio neto cayó de Bs 52,38 millones a Bs 47,05 millones en el mismo periodo, un retroceso de Bs 5,33 millones. El capital social se mantiene estático en Bs 60,93 millones; el plan de capitalización aprobado por los accionistas en 2023 —por un total de Bs 34,3 millones— solo ha sido efectivizado de forma parcial: dos tramos de Bs 3,7 millones y Bs 5,5 millones, transferidos al capital pagado en julio de 2024. Los tramos restantes no se han materializado.
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En el estado de resultados del primer semestre de 2025, los ingresos financieros crecieron apenas un 3,2%, de Bs 26,25 millones a Bs 27,10 millones. Pero los gastos de administración se mantienen en Bs 21,53 millones, y los cargos por incobrabilidad del flujo semestral alcanzaron Bs 9,47 millones. El resultado es una pérdida neta de Bs 3,36 millones. El margen financiero bruto no cubre los costos operativos.
Para sostener los ratios de liquidez, el banco recurrió a la captación agresiva de depósitos a plazo fijo a tasas de hasta el 7% anual —productos como Rendiplus y DPF 7%, con plazos de 180 y 360 días—. El saldo de disponibilidades subió a Bs 83,52 millones al cierre de junio de 2025, desde Bs 58,14 millones a principios del ejercicio. Pero este manejo defensivo de la liquidez eleva el costo del fondeo y comprime aún más el margen neto, profundizando la pérdida operativa. Adicionalmente, el banco procedió a la redención anticipada de bonos subordinados para gestionar su estructura de pasivos, lo que afectó las expectativas de los tenedores de esos instrumentos. Las cuentas contingentes sumaban Bs 46,8 millones a junio, con apenas Bs 121.993 en previsiones específicas: una ejecución masiva de garantías podría drenar el 50% de las disponibilidades inmediatas.
NESAB S.R.L.: la empresa que se construyó para rescatar al banco
La pregunta central de esta investigación no es solo por qué alguien compra un banco en estas condiciones, sino también quién es capaz de hacerlo. La respuesta está en la trayectoria de NESAB S.R.L., una sociedad de responsabilidad limitada que en siete años pasó de ser una empresa de comercialización de equipos electrónicos a convertirse en el principal soporte financiero de una entidad bancaria en dificultades.
NESAB S.R.L. fue constituida en 2018 con un capital social de Bs 1.000.000 y un objeto social vinculado a la distribución de equipos electrónicos y servicios técnicos. En 2020, la empresa modificó su objeto social para actuar como vehículo de inversión, habilitándola para participar en sociedades comerciales, bancarias y fondos de inversión, así como para prestar asesoramiento económico y financiero. El cambio coincide con el inicio de las pérdidas acumuladas del Banco Comunidad y con la decisión de COBOCE R.L. de desprenderse de sus acciones.
Entre 2020 y 2025, el capital social de NESAB creció de Bs 1.000.000 a Bs 61.064.000: un incremento de más de 6.000% en cinco años. Esta capitalización progresiva de la empresa holding es el espejo financiero de los sucesivos aportes y adquisiciones realizados en el banco. Eduardo Valdivia Zambrana es el socio mayoritario de NESAB, con una participación del 99,25% del capital de la sociedad.
Al cierre del ejercicio 2024, los balances de NESAB registraban “Depósitos en tránsito” por Bs 23.433.408. Esta partida, según el análisis de los registros disponibles, está destinada previsiblemente a futuras capitalizaciones en el banco durante 2025 y 2026. Es decir, el flujo de inyecciones de capital no ha concluido: NESAB tiene recursos ya segregados para continuar sosteniendo la solvencia de la entidad.
¿Por qué comprar un banco en estas condiciones?
El 22 de septiembre de 2025, COBOCE R.L. transfirió 3.300.290 acciones nominativas ordinarias en circulación a favor de NESAB S.R.L., representando el 54,16% del capital del banco. La ASFI tomó conocimiento formal de la operación el 26 de septiembre, mediante la nota ASFI/DSR II/R-221223/2025. Con esa transferencia, sumada a aportes previos ya registrados en julio de 2024, NESAB consolidó una participación del 80,26% del capital accionario del Banco PyME de la Comunidad.
COBOCE R.L. había intentado vender su posición desde 2019, el mismo año en que comenzaron las pérdidas sostenidas. La operación se completó luego de seis años de búsqueda de comprador, en un contexto de deterioro patrimonial documentado y con la calificadora de riesgo ya alertando sobre la vulnerabilidad de la entidad. NESAB no solo compró ese paquete: construyó previamente el músculo financiero necesario para hacerlo, elevando su capital social en más de Bs 60 millones en el periodo en que el banco deterioraba el suyo.
La composición accionaria resultante, según los hechos relevantes reportados a la ASFI, es la siguiente: NESAB S.R.L. controla 4.890.963 acciones (80,26%); Oikocredit, Ecumenical Development Cooperative Society U.A. —entidad financiera europea con presencia también en el Banco Solidario— posee 1.025.061 acciones (16,82%); la familia Guaraguara Espada controla conjuntamente 83.852 acciones (1,38%); y el resto del capital se distribuye entre accionistas minoritarios. Oikocredit, en tanto accionista con el 16,82% del capital, enfrenta la decisión de acompañar o no las futuras capitalizaciones lideradas por NESAB para no perder peso relativo en la entidad.
Una estrategia con fecha de vencimiento
La lógica del rescate tiene una racionalidad interna: NESAB absorbe el riesgo bancario para evitar el colapso técnico de una institución que, una vez saneada, podría generar valor en el segmento PyME. Pero la estrategia de capitalización constante combinada con reducciones voluntarias de capital para absorber pérdidas es, por definición, finita. Cada nueva inyección reduce el margen disponible para la siguiente. Cada reducción de capital pagado erosiona la base patrimonial desde la que se calculan los límites regulatorios.
El riesgo más inmediato recae sobre el propio NESAB y su controlador. La empresa está “quemando” su capital —más de Bs 61 millones constituidos en siete años— en una entidad que ha reducido su capital pagado de forma recurrente para sobrevivir. Si el banco no logra revertir el ciclo de pérdidas operativas, NESAB habrá financiado una contracción patrimonial sostenida sin retorno visible a la inversión.
Los depositantes y clientes del banco son la otra cara del riesgo: su seguridad depende de que las capitalizaciones lideradas por NESAB mantengan el Coeficiente de Adecuación Patrimonial (CAP) por encima de los límites legales establecidos por la ASFI. Por su parte, la redención anticipada de bonos subordinados para gestionar los pasivos del banco ha afectado ya a los tenedores de esos instrumentos, cuyas expectativas de rendimiento y plazo fueron alteradas unilateralmente.
El directorio y los cambios que anticiparon la compra
Los hechos relevantes registrados en la BBV revelan una secuencia que merece atención. En la Junta General Ordinaria de Accionistas del 13 de marzo de 2025, el banco aprobó los estados financieros de 2024 con resultado mantenido en “Resultados Acumulados”. El 26 de marzo de 2025, una nueva junta designó un directorio íntegramente renovado: Javier Torrico Lozada como presidente, Rodrigo Torrico Flores como vicepresidente, Eduardo Valdivia Zambrana como secretario, Gonzalo López García como vocal independiente, y Ariel Chiri Oviedo como vocal. Valdivia Zambrana asumió la presidencia del Comité de Cumplimiento cuando aún no era el controlador formal del banco.
La inestabilidad del directorio es un patrón documentado en todo el periodo analizado. Entre agosto de 2023 y diciembre de 2025, el banco registró al menos ocho renuncias de directores titulares o suplentes. En abril de 2025, Rodrigo Torrico Flores renunció apenas un mes después de haber sido designado. En agosto de 2025 renunció Javier Torrico Lozada, presidente. En diciembre de 2025 lo hizo Samuel Valdivia Zambrana.
El 9 de octubre de 2025, una junta extraordinaria —convocada días después de la transferencia de las acciones de COBOCE— removió a tres directores titulares, dos suplentes y al síndico suplente. Ratificó a Eduardo Valdivia Zambrana como director titular y lo eligió presidente del nuevo directorio, con plenos poderes para decidir sobre emisión de nuevas acciones y modificación de estatutos destinados a absorber pérdidas. La reconformación fue total.
La secretaria del directorio resultante es Patricia Rita García Renjifo de Caballero. Según registros de la ASFI, García Renjifo de Caballero figura también como accionista de Multivalores Agencia de Bolsa S.A., la misma entidad a la que está vinculado accionariamente Eduardo Valdivia Zambrana —junto con el periódico Los Tiempos, recientemente protagonista de un reclamo de trabajadores por mora en el pago de beneficios sociales—. El reporte de la ASFI sobre el banco no señala empresas vinculadas en la casilla correspondiente, pero la coincidencia de participaciones en Multivalores entre el presidente del directorio y su secretaria es un dato que las autoridades regulatorias deberían considerar en la evaluación de posibles conflictos de interés.
El espejo del Banco Fassil
El sistema financiero boliviano tiene memoria reciente de señales de alerta ignoradas. Los informes de calificación de riesgo del Banco Fassil S.A., emitidos meses antes de su intervención por parte de la ASFI, contenían advertencias sobre deterioro patrimonial, calidad de cartera y concentración de riesgos que no recibieron respuesta oportuna. Los indicadores actuales del Banco PyME de la Comunidad —mora del 15,1%, reprogramación del 43,3%, ROE de -14,3%, pérdidas acumuladas de Bs 18,44 millones, capitalización parcialmente ejecutada y cobertura de previsiones técnicamente insuficiente— guardan una similitud estructural con aquellos reportes que, en su momento, no derivaron en acción regulatoria preventiva.
La institución opera desde 1996, cuando fue constituida como Fondo Financiero Privado con un capital inicial de Bs 20 millones. En 2014 se transformó en banco PyME mediante la Resolución ASFI/Nº 409/2014. Cuenta hoy con 181 empleados, una oficina central en Cochabamba, dos sucursales —La Paz y Santa Cruz—, siete agencias y seis cajeros automáticos. Su plan estratégico 2025-2027 se denomina “Fortalecimiento y Sostenibilidad”. La denominación es más un objetivo que una descripción del estado actual.
La pregunta que queda abierta no es solo si NESAB puede sostener el banco, sino si la ASFI tiene los instrumentos y la voluntad institucional para actuar antes de que la respuesta llegue por la vía de los hechos.
La relación entre NESAB S.R.L. y el Banco PyME de la Comunidad no comienza con la adquisición de las acciones de COBOCE R.L. en septiembre de 2025. Comienza en 2020, cuando NESAB modificó su objeto social para convertirse en un vehículo de inversión, en coincidencia con el inicio del ciclo de pérdidas acumuladas del banco y con los primeros intentos de COBOCE de vender su participación. Desde ese año, la empresa fue capitalizándose de forma progresiva —de Bs 1 millón inicial a Bs 61,06 millones— hasta acumular los recursos necesarios para asumir el control de una entidad bancaria en dificultades.
El mecanismo de rescate opera en dos vías paralelas. Por un lado, NESAB aporta capital al banco —en julio de 2024 transfirió a capital pagado los aportes acumulados en la cuenta de “futuros aumentos de capital”—, permitiendo que la entidad cumpla con las exigencias del Coeficiente de Adecuación Patrimonial (CAP) fijadas por la ASFI. Por otro lado, el banco ejecuta sucesivas reducciones voluntarias de capital pagado para absorber las pérdidas de las gestiones 2021, 2022 y 2023: una operación que sanea el balance contable pero que erosiona la base patrimonial disponible para cubrir riesgos futuros. La ASFI autorizó cada uno de estos procesos de reducción de capital mediante no objeción expresa, en cumplimiento del artículo 354 del Código de Comercio.
La ingeniería financiera resultante tiene una lógica interna comprensible pero una sostenibilidad limitada: cada tramo de capitalización engrosa el capital pagado, que luego es reducido para absorber pérdidas operativas, que a su vez demandan un nuevo tramo de capitalización. El ciclo solo se rompe si la administración logra revertir los resultados negativos y el banco vuelve a generar utilidades. Hasta el 30 de septiembre de 2025, ese punto de inflexión no había llegado. Los Bs 23,43 millones registrados como “depósitos en tránsito” en el balance de NESAB al cierre de 2024 sugieren que el próximo tramo de inyección de capital ya está programado, y que el custodio del banco está dispuesto a continuar. La pregunta es cuánto tiempo y cuánto capital puede sostener esa disposición.
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